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Breve historia de Xinjiang y los uigures

Los uigures son uno de los pueblos túrquicos más antiguos de Asia Central. Hoy en día, la mayoría de ellos habita en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, en el noroeste de la República Popular China. Según datos oficiales de mayo de 2012, la población uigur superaba los 11 millones de personas, de las cuales un 82 % vivía en zonas rurales y el 18 % en áreas urbanas. Además, existen comunidades uigures en países como Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán, Australia, Estados Unidos y otros lugares del mundo, donde residen al menos dos millones de uigures más.

Orígenes antiguos: los “altos carros” del norte

Las primeras menciones de los antepasados directos de los uigures aparecen en fuentes históricas que se remontan al siglo III a. C. Según estos registros, el pueblo Tegrek, que se autodenominaba “Tura” o “Turan”, estableció una poderosa confederación tribal cerca del lago Baikal, en la actual meseta de Mongolia.

Los cronistas chinos de la antigüedad los llamaron Gao-jü (高车), literalmente “los de las ruedas altas”, porque utilizaban carros de grandes ruedas como medio de transporte, un rasgo distintivo que los identificaba frente a otros pueblos nómadas.

En estos primeros siglos, las tribus túrquicas como los Tura se caracterizaban por su gran movilidad, sus habilidades ecuestres y su papel como intermediarios culturales entre el este y el oeste de Eurasia. Estos contactos tempranos sentaron las bases de una identidad cultural rica y adaptable que los uigures conservarían a lo largo de su historia.

El surgimiento del nombre “uigur”

El término “uigur” aparece por primera vez en los registros históricos chinos del siglo V d. C., donde se describe a los uigures como descendientes de los hunos (Xiongnu). En ese entonces, vivían bajo el dominio de los turcos, quienes habían fundado un poderoso imperio en el año 552 d. C., rival del floreciente Imperio Tang.

Hacia el año 605, los uigures, en alianza con los básmiles y los karlukos, se rebelaron contra los turcos y fundaron su propio estado, conocido como el Imperio Uigur, en el 646.

Este imperio consolidó un sistema político y militar avanzado, estableciendo su capital en Ordu-Baliq, en el norte de Mongolia, una ciudad fortificada con templos, palacios y barrios residenciales. El desarrollo urbano de Ordu-Baliq demuestra la temprana capacidad de los uigures para combinar elementos nómadas y sedentarios, integrando influencias chinas, sogdianas e iraníes.

La edad dorada del Imperio Uigur

Tras derrotar completamente a los turcos orientales en el 744, los uigures alcanzaron el apogeo de su poder, creando la segunda gran confederación de pueblos túrquicos de Asia Central.

Fuentes chinas contemporáneas distinguen dos grupos principales de uigures en aquella época: los del oeste, que adoptaron una vida sedentaria entre las montañas de Altái y la cuenca del Tarim, y los del este, que continuaron con un modo de vida nómada en el desierto del Gobi.

Durante este periodo, los uigures jugaron un papel crucial en la Ruta de la Seda, controlando el comercio entre China, Persia y Bizancio. A través de sus caravanas circularon seda, especias, piedras preciosas, caballos, papel y artes religiosas, lo que hizo de su imperio un puente cultural entre civilizaciones.

El Imperio Uigur también se destacó por su tolerancia religiosa: adoptaron primero el maniqueísmo, una fe persa que promovía la luz y la sabiduría, y más tarde el budaísmo, que dejó una profunda huella artística y espiritual en su cultura. Los templos, inscripciones y frescos hallados en las ruinas de Kocho (Gaochang) y Bezeklik testimonian ese esplendor cultural y religioso.

Las Cuevas de Bezeklik, cerca de Turpan en Xinjiang
Las Cuevas de Bezeklik, cerca de Turpan en Xinjiang

El éxodo del año 840

El año 840 marcó un punto de inflexión en la historia uigur. Un invierno extremadamente severo, sumado a los ataques militares de los kirguises, antiguos súbditos del imperio, obligó a los uigures a abandonar sus tierras originales.

Desde entonces, comenzaron una gran migración en tres direcciones:

  1. Un grupo se trasladó hacia Dunhuang, donde fundaron el Reino Uigur de Shazhou (Dunhuang).
  2. Otro grupo se estableció en Qocho, actual Turpan, y formó el Reino Uigur de Idiqut, también conocido como el Reino Sagrado de Qocho.
  3. El grupo más numeroso se desplazó hacia el oeste, donde estableció la Dinastía Qarakánida en la cuenca del Tarim y el valle del Chu.

Estos nuevos reinos heredaron las tradiciones literarias y religiosas del antiguo imperio. En Qocho, los uigures desarrollaron su propio alfabeto derivado del sogdiano, que siglos después inspiraría la escritura mongola. También produjeron una rica literatura religiosa, especialmente textos budistas y maniqueos traducidos al uigur antiguo.

De los mongoles a Moghulistán

A partir del siglo XII, con la expansión occidental de los mongoles, el Turquestán Oriental fue incorporado al Imperio Mongol y posteriormente pasó a formar parte del Ulus de Chagatai, gobernado por Chagatai, el segundo hijo de Gengis Kan.

Más tarde, los territorios de los Qarakánidas orientales se integraron en el imperio y recibieron el nombre de Moghulistán, denominación que con el tiempo se aplicó a Kashgaria o la moderna cuenca del Tarim.

Durante esta etapa, los uigures adoptaron progresivamente el islam, que se difundió en la región a través de comerciantes y sabios sufíes. Este proceso fue gradual y pacífico, consolidándose plenamente entre los siglos XIII y XV. Con la nueva fe llegaron también la caligrafía árabe, la poesía en lengua túrquica e importantes obras teológicas y literarias.

El Reino de Sa‘idiyye y el esplendor cultural uigur

En 1514, Sultán Said Kan fundó el Reino de Sa‘idiyye en Yarkand, dando inicio a una de las eras doradas de la cultura uigur. Durante este período se sistematizó por primera vez el “Doce Muqam Uigur”, una serie de arreglos musicales tradicionales considerados hoy una de las mayores joyas culturales del pueblo uigur.

La recopilación fue realizada bajo el patrocinio de la reina Amanisajan, una figura clave en la historia cultural de Xinjiang. Este arte musical combina canto, danza e instrumentos tradicionales como el rawap, el tambur y el dap, transmitiendo siglos de historia oral y sensibilidad poética.

En esta misma época florecieron las artes decorativas, la arquitectura islámica y la literatura poética. Ciudades como Kashgar y Yarkand se convirtieron en centros de conocimiento, donde se enseñaban ciencias, derecho religioso y arte caligráfico.

La expansión Qing y el nacimiento de Xinjiang

El Imperio Qing, de origen manchú, fundado en 1644, extendió su dominio hacia el Turquestán Oriental. En 1751, las tropas manchúes conquistaron la cuenca del Dzungaria y más tarde ocuparon Kashgaria.

Un siglo después, tras una serie de levantamientos locales, el líder militar Muhammad Yaqub Beg, originario de Khokand, estableció un reino independiente conocido como Yätti Shähär Dötliti (El Estado de las Siete Ciudades).

Sin embargo, en 1878, las fuerzas Qing derrotaron a Yaqub Beg y restablecieron su control sobre el territorio. Finalmente, en 1884, el imperio incorporó oficialmente la región como una nueva provincia bajo el nombre de Xinjiang (新疆), que significa literalmente “nueva frontera” o “nuevo territorio”.

Con el tiempo, Xinjiang se consolidó como un mosaico de culturas, lenguas y religiones, en el que los uigures continuaron siendo una de las comunidades más influyentes y con una identidad profundamente arraigada.

Conclusión: un legado que perdura

La historia de Xinjiang y de los uigures es una narración de migraciones, imperios y renacimientos culturales. A lo largo de más de dos milenios, este pueblo ha sabido adaptarse y mantener viva su lengua túrquica, sus tradiciones musicales y su espiritualidad.

Las ciudades-oasis de Kashgar, Turpan, Kucha y Yarkand aún conservan ecos de aquella Ruta de la Seda que unía mundos lejanos. Sus mercados, mezquitas y artesanías son testimonio vivo de una cultura que ha sabido absorber influencias persas, chinas, indias y árabes sin perder su esencia propia.

Hoy, el legado uigur sigue siendo una de las herencias más ricas y vibrantes de toda Asia Central, un puente entre oriente y occidente, entre lo antiguo y lo moderno.

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