En todas las comunidades hay figuras que concentran en sí mismas el saber de toda una comunidad: médicos, poetas, jueces, historiadores y sacerdotes a la vez. En la sociedad nuosu de Liangshan, esa figura tiene nombre propio: el bimo (ꀘꂾ, 毕摩, bìmó). Los propios nuosu lo expresan con una frase que lo resume todo: «Si un gobernante conoce mil cosas y un ministro cien, las cosas que conoce un bimo son innumerables.» No hay mejor guía para la vida que sus palabras, ni mejor mediador entre los humanos y el mundo de los espíritus.
El bimo es la figura ritual más respetada de la religión tradicional Yi, y su presencia sigue siendo fundamental en las comunidades nuosu de Liangshan. En Yunnan y Guizhou recibe nombres similares como beima o bumo, pero su función es la misma en todas partes: actuar como puente entre los vivos, los muertos y las fuerzas invisibles que sostienen el mundo. Entender quién es el bimo, qué hace y cómo se forma es adentrarse en el corazón mismo de la espiritualidad Yi.
Una tradición de más de 2500 años
El oficio del bimo no nació de la nada ni en una sola generación. Según la genealogía registrada en el texto sagrado Bipu (毕谱, Bìpǔ), que narra el origen de los bimo, al principio de los tiempos hubo treinta y siete generaciones de practicantes que fueron perfeccionando el oficio hasta alcanzar su plena madurez en tiempos del maestro Quobu Shyzu. Desde él, el conocimiento pasó a lo largo de veinte generaciones hasta Agaqoni, uno de los dos fundadores reconocidos de la sociedad nuosu en Liangshan. Y desde Agaqoni, pasando por los célebres maestros Adu Lypu y Asu Lazzi, hasta el maestro octogenario contemporáneo Qubi Shomo, median setenta y nueve generaciones más. Calculando una generación en unos veinticinco años, el oficio de bimo en su forma desarrollada lleva existiendo aproximadamente 2500 años.
Qué hace el bimo: entre los vivos y los muertos
El bimo actúa en los dos grandes territorios de la existencia humana. Para los vivos, adivina días y momentos auspiciosos, exorciza fantasmas y expulsa el mal, transforma la mala suerte en buena fortuna y guía el comportamiento ético de la comunidad. Protege a individuos, familias y aldeas de enfermedades y desastres, males que en la cosmovisión nuosu siempre tienen una causa espiritual identificable: los fantasmas. Y la variedad de fantasmas es enorme: los hay de viruela, lepra, afecciones cutáneas y enfermedades hereditarias, entre muchos otros. La lepra, de hecho, era una enfermedad rara pero endémica en Liangshan, con su propio espectro ritual asociado.
Para los muertos, el bimo ofrece sacrificios, guía el camino al mundo de los ancestros y asegura el descanso en paz en el más allá. El ritual más grandioso de todos es el Nimu cobi, una ceremonia elaborada en la que uno o varios bimo dirigen el alma del difunto hasta la tierra de los ancestros. Durante las ceremonias, el bimo determina qué animales deben sacrificarse: gallinas, ovejas, cabras, cerdos o, en los casos de mayor solemnidad, ganado vacuno, la ofrenda más grave y costosa.
Por sus servicios, el bimo no cobra tarifas fijas. Es costumbre que los clientes ofrezcan alimentos, a menudo porciones de los propios animales sacrificados, y dinero en reconocimiento del trabajo. La mayoría de los bimo se sustenta principalmente de la agricultura y otros oficios. Su figura es tan central en la cultura nuosu que el propio Libro de los Orígenes (ꅺꊈꄯꒉ Hne wo tep yy) recoge los actos y genealogías de los bimos más importantes de la historia del pueblo.

Herencia y linaje: quién puede ser bimo
Los bimo son prácticamente todos hombres y heredan el oficio del padre o de un tío, no necesariamente el hijo mayor sino el más apto. Pero no todos los bimo son iguales en términos de legitimidad tradicional: existe una distinción importante entre los que tienen sucesión ortodoxa y los que no.
Los que poseen sucesión ortodoxa se llaman bicy bimosse, bimo hereditarios con pedigrí reconocido. Según el Bipu, solo ciertos clanes tienen esa legitimidad: los Jjihnie Ssehxie, Hma, Hxiesse Ssesuo, Pacha Sseshy y Jjike Sseshy, entre otros. Los que adquirieron su conocimiento aprendiendo con bimo de otros clanes son llamados zzybi ꋩꀘ, literalmente «los que practican un oficio inapropiado» o «personas inclasificables». Estos bimo pueden realizar rituales ordinarios, pero no están autorizados para los grandes ceremoniales del nimu cobi, los rituales del alma.
Sin embargo, esta distinción es en gran medida histórica, no una garantía de calidad: algunos zzybi han superado en habilidad y reputación a sus colegas ortodoxos, lo que ha obligado a estos últimos a revisar sus propias ideas sobre la legitimidad del oficio.
Bimo de camino alto y bimo de camino bajo
Más allá del linaje, los bimo se clasifican también según los rituales que dominan en dos grandes categorías, conocidas como «camino alto» y «camino bajo».
Los gahxa bimo ꇤꉐ ꀘꂾ o bimo de camino alto son los de primera categoría. Dominan los rituales más complejos del nimu cobi, con cuatro variantes según el tipo de muerte: el nra nimu ꎖꅿꃅ para quienes murieron de vejez o enfermedad teniendo hijos; el ssy nimu ꍂꅿꃅ para los que murieron de muerte prematura; el cur nimu ꋉꅿꃅ para los muertos por lepra; y el nyu ni re nimu ꑛꅿꏒꅿꃅ para quienes fallecieron de tuberculosis u otras enfermedades prolongadas. Cada tipo de muerte requiere un ritual diferente, con ofrendas, cantos y procedimientos específicos.
Los gajjy bimo ꇤꐯ ꀘꂾ o bimo de camino bajo se especializan en lanzar conjuros, expulsar y contener fantasmas, revertir maldiciones, alejar la mala suerte y adivinar días auspiciosos. En la práctica, sin embargo, no existe una línea divisoria rígida entre ambas categorías: muchas situaciones rituales requieren la combinación de los dos tipos, y muchos bimo actúan en ambas capacidades según lo que cada ocasión exige.
Los objetos del bimo: una armadura espiritual
La actividad ritual del bimo es inseparable de sus textos y objetos sagrados, que en conjunto reciben el nombre de ssymu ngagga. Cada objeto tiene una función precisa en el encuentro con las fuerzas invisibles.

El atuendo completo de un bimo de Liangshan incluye el hlevo ꆩꃰ, un sombrero ritual de bambú y fieltro; el biju ꀘꏲ, una campana de latón; el qike ꏾꈌ, un abanico especial de bambú o cobre con mango de madera de cerezo tallado con figuras de animales que representan el cielo, la tierra y las aguas; el vytu ꃼꄲ, un carcaj de espíritus en forma de tubo de madera con un extremo tallado como boca de oso, utilizado como arma contra los fantasmas malignos; y el hxiekuo ꉌꈄ, una bolsa de malla de fibra vegetal para guardar los textos sagrados escritos. Se completan con dientes de jabalí y de ciervo, también parte del conjunto ritual.
Durante el ritual, el bimo erige una instalación de hierbas y arbustos sagrados y usa la sangre de los animales sacrificados para pintar tableros de fantasmas (nyicy sypi ꑌꋌ ꌦꀺ), que representan figuras míticas: el héroe cultural Zhyge Alu ꍝꇰꀊꇐ con su perro, una gran serpiente, un pavo real y vientos espirituales. Estos tableros reciben nombres según su función: Cabeza Sarnosa, Purificación, Muerte Antinatural y Criaturas Dañinas, entre otros.
Para combatir a los fantasmas, el bimo puede usar también rybbur ꏜꁱ, efigies hechas de manojos de hierba trenzada que se queman al final del ritual, o en algunas zonas zabbur ꊖꁱ, figurillas de arcilla. Entre estos muñecos rituales se distinguen el Espíritu Maligno, el Fantasma de las Llanuras, el Fantasma Comedores de Ganado, el Fantasma del Río, el Fantasma Protector de Novias, el Fantasma de la Persona Loca y el Fantasma de la Enfermedad Crítica, entre otros.
En los grandes rituales como el Nimu cobi, el bimo construye también intrincados caminos de palos pelados que marcan la ruta del alma del difunto hacia el más allá. En algunos lugares se coloca dentro de ese camino un pastel grande de trigo sarraceno perforado en el centro, símbolo del umbral entre esta vida y el reino de los ancestros.
El llamado del alma: el ritual yyrhla ꒌꆠ
Uno de los rituales más frecuentes e íntimos que realiza el bimo es el yyrhla ꒌꆠ, el llamado del alma, que suele convocarse para una persona, a menudo un niño, que aparece decaída, apagada o que sencillamente «no está bien». La creencia nuosu establece que cada persona posee un alma (yyr ꒌ) que puede abandonar el cuerpo a causa de una enfermedad o un susto. Existe además un principio vital llamado Gefi ꇰꃏ, una esencia espiritual que se adhiere al cuerpo de todas las mujeres Yi al nacer y que les permite quedarse embarazadas.
Para recuperar el alma perdida, el bimo prepara una instalación ritual llamada mguva en un rincón de la habitación principal del hogar afectado. Incluye manojos de hierba sagrada yy yyr ꒉꒌ (en chino maidong, Ophiopogon japonicus), ramas de sauce frondoso (yy hxo en Nuosu, liushu en chino, Salix babylonica), «balas» de virutas de madera para lanzar contra los fantasmas, un recipiente de agua sagrada, pequeñas piedras que se calientan durante el ritual y tableros de fantasmas.
El ritual consiste en una larga serie de cantos sobre las genealogías del cielo y la tierra, el héroe Zhyge Alu, los clanes locales y los fantasmas, con contenidos que a menudo se solapan con los del Libro de los Orígenes. Siempre se sacrifica al inicio uno o varios pollos, en algunos lugares un gallo rojo o negro grande, o incluso un lechón, para atraer y alejar a los fantasmas. Durante el ritual se invita al alma errante a regresar, seduciéndola con promesas de comida, bebida y los placeres de la vida en casa. En el momento culminante, el alma que regresa sigue un hilo de cáñamo que va desde una aguja clavada en el dintel de la puerta hasta un tarro de madera con tapa colocado junto al bimo. Cuando el ritualista determina que el alma está dentro, cierra la tapa de golpe exclamando: «¡Ha!»
El llamado del alma puede combinarse con ritos de purificación del hogar, aún muy comunes hoy en día incluso en apartamentos urbanos. La familia se agacha en el centro de la habitación mientras el bimo hace girar un pollo vivo alrededor de ellos varias veces para concentrar en él las fuerzas malignas. Luego lo sacrifica y lo lanza fuera por la puerta, esperando que caiga con la cabeza apuntando hacia afuera. Se cree que las almas de los animales sacrificados se llevan consigo a los fantasmas dañinos a un lugar remoto, lejos de los humanos. En la zona de Yuexi y Ganluo, ese lugar es un gran barranco conocido como la Garganta Ddabbulomo. Por costumbre, la carne de los animales sacrificados se cocina ritualmente y se reparte entre el bimo, su ayudante, la familia y todos los presentes, convirtiendo el acto final en un momento de comunión colectiva.
El sunyi y la monyi: los chamanes del trance
Junto al bimo, la sociedad nuosu reconoce otras figuras rituales de naturaleza completamente distinta: el sunyi ꌠꑌ (sūní, 苏尼), de sexo masculino, y la monyi ꂿꑌ (móní, 摩尼), de sexo femenino. Comparten rasgos con los chamanes del norte de Asia y del Himalaya, y llegan a su vocación no por elección propia, sino por una serie de episodios de enfermedad mental y física que solo pueden resolverse convirtiéndose en practicantes. El espíritu tutelar que los posee durante el trance se llama wasa ꊂꌒ.
Tanto el sunyi como la monyi entran en estado de trance golpeando un tambor de mano hecho de madera y cuero. Pero sus demostraciones de poder van mucho más allá: algunos sunyi hacen girar sobre su cabeza un cuenco lleno de agua o una tabla en llamas, lamen rejas de arado al rojo vivo, caminan sobre fuego, comen brasas o corren descalzos sobre aceite hirviendo. Una monyi célebre es conocida por levantar con los dientes una oveja muerta y hacerla girar en pleno trance. Aunque normalmente no saben leer la escritura Yi, habilidad reservada al bimo, algunos sunyi y monyi exhiben textos escritos durante sus rituales, especialmente cuando buscan clientes en los mercados. Son contratados principalmente para tratar enfermedades causadas por fantasmas menores y para realizar adivinaciones usando huevos crudos o palos con pequeñas muescas.

Dos caminos hacia lo sagrado
El bimo y el sunyi/monyi representan dos formas complementarias pero profundamente distintas de acceder al mundo espiritual en la religión tradicional Yi. El bimo llega a través del estudio, la herencia y el dominio de los textos sagrados: es ante todo un erudito del espíritu, un maestro que actúa con la palabra y el conocimiento acumulado durante siglos. El sunyi y la monyi llegan a través del cuerpo, la enfermedad y el trance: son instrumentos elegidos por los espíritus, no sus intérpretes.
Juntos forman el paisaje humano de la espiritualidad nuosu: un mundo en el que lo sagrado no está separado de la vida cotidiana, sino presente en cada nacimiento, cada muerte, cada enfermedad y cada cosecha, en las voces que cantan los linajes del cielo y la tierra, y en las manos que cierran de golpe la tapa del tarro para que el alma no se escape de nuevo.
