La religión tradicional Yi es un tejido vivo formado por múltiples capas: espíritus que habitan todas las cosas, fuerzas de la naturaleza, linajes ancestrales, objetos de poder y figuras rituales que median entre el mundo humano y el invisible. Para entender esta tradición, hay que abandonar la idea de una religión con dogma fijo y abrirse a una visión del mundo en la que cada árbol, cada animal y cada objeto puede ser portador de lo sagrado. La religión tradicional Yi no venera a un único dios ni sigue una sola doctrina: es una espiritualidad que crece desde el clan, desde la tierra y desde la memoria de los ancestros.
En este sistema de creencias, dos figuras son fundamentales: el bimo (ꀘꃀ), sacerdote y guardián del conocimiento tradicional, y el suni (ꌠꑊ), médium espiritual cuyo poder no se aprende, sino que se recibe de los dioses. Junto a ellos, el pueblo Yi de las montañas de Liangshan venera a sus ancestros, mantiene sistemas de tótems familiares y confía en la fuerza protectora de ciertos objetos conocidos como jjylu (ꐯꇐ).
Los tótems: el origen del linaje está en la naturaleza
Para la religión tradicional Yi, cada clan familiar, la jiazhi (家支, jiāzhī), está vinculado desde sus orígenes a un animal o una planta. Este vínculo no es solo simbólico: se cree que los ancestros del clan descienden de ese ser vivo, o que fue gracias a él que el linaje logró sobrevivir. Ese ser se convierte en el tótem de la familia, su símbolo y su protector.
Los tótems más comunes en Liangshan incluyen el tigre, el bambú, el azalea, el dragón, la calabaza, el pino y el águila, entre muchos otros animales y plantas. Con el paso del tiempo y la ramificación de los clanes, la cantidad de tótems se ha multiplicado considerablemente. En la zona de Dechang, dentro de Liangshan, se documentó que el clan del ciprés contaba con ocho tótems derivados, mientras que el clan del bambú negro tenía doce. Cada uno de esos tótems correspondía a una rama familiar diferente, con animales como el oso, el lobo, el ciervo o el faisán como emblemas propios.
Este sistema no es solo espiritual, sino que tiene consecuencias sociales y prácticas muy concretas. El nombre del primer ancestro de cada clan siempre contiene la palabra que designa su tótem. A partir de la segunda generación se añade un nombre propio, y desde entonces los Yi utilizan el sistema de nombres encadenados padre-hijo (fùzǐ liánmíng, 父子连名), en el que el nombre del padre pasa a formar parte del nombre del hijo, generando cadenas genealógicas que pueden rastrearse durante siglos.
El tótem también determina los materiales con los que se fabrican las tablillas ancestrales, objetos sagrados donde se aloja el espíritu del difunto. En algunas aldeas de la zona de Ailao (哀牢山, Āiláo Shān), en Yunnan, se han identificado hasta seis materiales distintos: pino, árbol de corteza áspera, árbol de benjuí, calabaza, raíz de bambú y lirio de montaña. Aunque muchos Yi de esa zona llevan apellidos Han, la pertenencia al clan se determina por el material de la tablilla, no por el apellido. Dos personas con el mismo apellido pero tablillas de distinto material pueden casarse; dos personas con tablillas del mismo material, aunque tengan apellidos diferentes, son consideradas del mismo clan y el matrimonio entre ellas está prohibido.
Los ancestros y las tres almas
La relación con los muertos es otro eje central de la religión tradicional Yi. Según esta tradición, cada persona posee tres almas que, tras la muerte, van a lugares distintos.
La primera alma permanece en la tumba, ligada al cuerpo y al lugar del entierro. La segunda regresa al mundo de los ancestros, la zujie (祖界, zǔjiè): un territorio mítico considerado el lugar de origen del pueblo Yi, una tierra ideal donde los espíritus ancestrales conviven en paz. La tercera alma se aloja en la tablilla familiar, el objeto sagrado que se conserva en el hogar y donde el ancestro sigue presente en la vida cotidiana de sus descendientes.
El bienestar de estas tres almas importa directamente a los vivos. Si los lugares donde residen están limpios y cuidados, el linaje prosperará. Si están descuidados o contaminados, la familia sufrirá desgracias. De ahí la importancia de mantener las tumbas, honrar las tablillas y realizar los rituales adecuados en cada etapa de la vida.
El jjylu: la fuerza que protege y atrae la fortuna
En la lengua Yi de Liangshan, la palabra ꐯꇐ jjylu designa un objeto en el que reside una fuerza misteriosa capaz de atraer la buena suerte, repeler la mala energía y proteger a quien lo posee. No cualquier objeto puede ser jjylu: es la experiencia acumulada, los rituales y la historia familiar los que determinan si algo tiene ese poder.
Existen dos grandes categorías. La primera es el suga jjylu, vinculado a la prosperidad del hogar: la abundancia de cosechas, la salud del ganado y el florecimiento del linaje. Puede ser un collar de oro o plata, un peine de ágata o, en familias más humildes, una tela roja o hilo de seda. Se guarda en un lugar limpio y tranquilo del hogar, lejos de cualquier contaminación. Si un ratón lo roe o queda manchado por suciedad, se cree que pierde su poder y puede convertirse en fuente de desgracias. En ese caso, se convoca a un bimo para purificarlo mediante un ritual que incluye ofrendas de carne y vino.
La segunda categoría es el jishi jjylu, relacionado con la victoria en los conflictos entre clanes, las llamadas xiedou (械斗, xièdòu): enfrentamientos armados que formaron parte de la vida social Yi hasta tiempos relativamente recientes. Sus objetos típicos son una yegua ciega, una armadura dañada o la cola de un yak. Se conserva un relato concreto sobre el clan Enza: en un enfrentamiento con el clan Wubo, el hijo de Sui Enzadajihābu murió en combate. La causa, según la tradición, fue que alguien olvidó abrir la tapa de la caja donde se guardaba la armadura sagrada del clan, impidiendo que el jjylu desplegara su poder. Se creía que si el jjylu de un clan era más débil que el del adversario, la derrota era inevitable. Copas rituales y hachas también podían funcionar como jishi jjylu.
El bimo: sacerdote, erudito y memoria viva del pueblo Yi
El ꀘꃀ bimo (bìmó, 毕摩) es la figura religiosa más importante de la religión tradicional Yi. No es solo un sacerdote: es el custodio de la escritura tradicional, el transmisor de la historia oral y escrita, el médico ritual, el adivino y el guía espiritual de su comunidad. Su rol abarca la celebración de ceremonias, la curación de enfermedades mediante plegarias, la realización de funerales, los exorcismos y la comunicación con los espíritus de los ancestros.
El bimo se forma a lo largo de muchos años. Normalmente el cargo es hereditario, transmitido de padre al hijo considerado más apto, no necesariamente el primogénito, aunque también puede aceptarse a discípulos ajenos al linaje. Cuando un maestro bimo toma un discípulo externo, primero observa su mes de nacimiento, la disposición de los astros y su carácter, y solo tras realizar una ceremonia específica queda formalizada la relación. La formación incluye la memorización y copia de los textos sagrados y el aprendizaje práctico de las ceremonias junto al maestro. El proceso dura entre dos y tres años en los casos más cortos y hasta siete u ocho años en los más exigentes. Muchos bimo, incluso después de ser reconocidos como tales, seguían formándose con maestros de otros clanes para adquirir mayor profundidad.
Los bimos se organizaban en tres rangos: zumo (祖摩, zǔmó), noho (诺合, nuòhé) y chuno (初诺, chūnuò). Aunque existían diferencias de prestigio entre ellos, todos eran igualmente respetados por la comunidad. En la sociedad Yi, históricamente estratificada, el bimo era una figura que trascendía las divisiones de clase: tanto los nobles como los esclavos podían acudir a él. Según recoge la obra Investigación sobre la cultura bimo de Liangshan, tanto los bimo de rango noho como los de rango chuno eran objeto del mismo respeto popular, lo que confirma su posición singular dentro de aquella sociedad. El cargo se transmitía exclusivamente por línea masculina.
El legado escrito del bimo es extraordinario. Utilizando la escritura silábica Yi tradicional, dejaron miles de manuscritos sobre religión, filosofía, historia, genealogías, astronomía, medicina, técnicas agrícolas y artesanía. Gracias a ellos, gran parte del conocimiento de la religión tradicional Yi ha llegado hasta nuestros días.

El suni: el médium que no elige su don
La figura del ꌠꑊ suni (sūní, 苏尼) es radicalmente diferente a la del bimo. Si este adquiere su poder mediante el estudio y la transmisión humana, el suni recibe el suyo directamente de los dioses, sin haberlo buscado ni podido evitarlo.
El proceso comienza con una enfermedad. Cuando una persona sufre una dolencia grave que no cura durante uno o dos años, los adivinos pueden concluir que el espíritu Asa (Āsà, 阿萨) está intentando entrar en su cuerpo. Una vez que la persona sana, un bimo realiza la ceremonia de consagración, y el espíritu Asa queda vinculado a ella de forma definitiva: esa persona se convierte en suni.
Hay sunis hombres y mujeres. Los hombres reciben el nombre de bani (巴尼, bānī); las mujeres, moni (摩尼, móní). Durante las ceremonias, el suni usa un tambor de piel de oveja y una campanilla de cobre, canta conjuros con intensidad, entra en estado de trance, comunica los mensajes de los dioses y expulsa los espíritus malignos. Las ceremonias masculinas son físicamente muy intensas: en algunos casos el suni llega a perder el conocimiento o a tragar bambú encendido. Las femeninas tienen un carácter más sereno y danzado, con movimientos ligeros y elegantes.
Cuando el espíritu Asa abandona definitivamente el cuerpo del suni, este deja de ejercer sus funciones. El vínculo con lo sagrado no es permanente: dura mientras el dios lo sostiene.
Bimo y suni: dos caminos hacia lo sagrado
Dentro de la religión tradicional Yi, bimo y suni son figuras complementarias, pero claramente distintas. El Grupo de Investigación sobre Estudios Yi lo explicó con precisión: el bimo recibe su capacidad de otros seres humanos, mientras que el suni la recibe de los dioses. El bimo necesita dominar la lectura y escritura de los textos sagrados y poseer un conocimiento amplio; el suni se expresa principalmente a través del cuerpo y el ritual físico. Las ceremonias del bimo atienden asuntos del clan, la familia y eventos importantes de la vida; el suni se ocupa sobre todo de los exorcismos y la expulsión de entidades malignas.
En términos de estatus social, el bimo ocupa una posición superior y es objeto de respeto profundo, mientras que el suni es visto con menor consideración. Sin embargo, entre ambos existe una relación de colaboración práctica: en algunas ceremonias el suni acude al bimo en busca de apoyo, y en otras es el suni quien asiste al bimo.
Una espiritualidad en capas
La religión tradicional Yi no es un sistema monolítico ni cerrado. Varía según la región, el clan y la historia local, y a lo largo de los siglos ha convivido con otras tradiciones sin perder su núcleo propio. En zonas de Liangshan con mayor contacto con la cultura Han, el taoísmo ha influido en algunas prácticas rituales. En áreas cercanas a comunidades tibetanas, el budismo tibetano ha dejado su huella. Desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, misioneros cristianos recorrieron el suroeste de China con notable éxito en algunas comunidades Yi, y una minoría de creyentes cristianos persiste hasta hoy.
Lo que define a la religión tradicional Yi no es la uniformidad, sino la profundidad: una relación íntima y constante con los ancestros, la naturaleza y las fuerzas invisibles que, generación tras generación, ha dado sentido a la vida en las montañas de Liangshan. El bimo sigue copiando manuscritos, el suni sigue danzando en trance y las tablillas ancestrales siguen guardando en los hogares la memoria de quienes vinieron antes. Una tradición que ha sobrevivido siglos de cambio y sigue latiendo.
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