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Bazar de Urumqi en Xinjiang

Roza Heyt: el festival uigur del fin del ayuno

El Roza Heyt (روزا ھېيت) es uno de los dos grandes festivales tradicionales del pueblo uigur de Xinjiang, junto al Qurban Heyt. Marca el final del mes de Ramadán y celebra, según la tradición, la «victoria del ayuno»: el fin de un período de recogimiento y abstinencia que da paso a días de fiesta, reencuentros y calles llenas de gente.

El nombre lo dice bastante: «Roza», del persa, significa «ayuno»; «Heyt» es la pronunciación uigur de la palabra árabe Eid, que significa «festividad». En el resto de China el festival se conoce como «el festival del fin del ayuno», pero en Xinjiang tanto los uigures como otras comunidades locales usan siempre el término uigur. Los chinos Han de la región, por costumbre propia, lo llaman habitualmente Ròuzī Jié 肉孜节.

El origen: dos leyendas populares

Sobre el origen del Roza Heyt circulan entre los uigures dos leyendas que comparten una misma idea de fondo: la resistencia colectiva frente a la adversidad.

La primera cuenta que, en tiempos antiguos, una gran hambruna azotó la región. Los niños lloraban sin parar de hambre y las madres, sin nada que darles, pusieron piedras del tamaño de un puño a cocer en el caldero. Les decían que estaban preparando un plato de masa de maíz cocida con caldo, y de vez en cuando removían el contenido con un palo para convencer a los pequeños de que todavía no estaba listo. Cuando los niños ya no pudieron aguantar más y las madres levantaron la tapa, el palo se hundió en el caldero: las piedras se habían transformado en nabos con los que pudieron alimentarse. La gente lo celebró como un milagro y desde entonces, cada año, la jornada se conmemora con canciones, danzas y festejos en comunidad.

La segunda leyenda es más austera. Antiguamente, para escapar de las incursiones de tribus hostiles, la gente se ocultaba en los bosques de montaña. De día no podían encender fuego porque el humo los delataría, y solo cuando caía la noche preparaban la comida. Ese hábito, repetido generación tras generación, acabó convirtiéndose en costumbre festiva.

El día del festival: la ceremonia del alba

La mañana del Roza Heyt arranca antes del amanecer. Según la tradición, lo primero es un baño completo, después se viste la mejor ropa y la gente se dirige a la ceremonia festiva del alba. Los más mayores y los más observantes llevan largas túnicas que llegan por debajo de la rodilla, en negro, gris o azul marino, con gorro de piel enrollado en tela blanca. Los jóvenes y los de mediana edad van con trajes o chaquetas de corte más moderno, con gorra. Dentro, la gente se va acomodando en filas, uno junto a otro, esperando en silencio la hora señalada, que determina el responsable de la ceremonia. La recitación, los movimientos colectivos y ese silencio denso que los acompaña crean una atmósfera solemne. La ceremonia puede durar alrededor de dos horas.

La calle se llena: danza, música y saludos

En cuanto termina, desde los alminares resuenan el tambor nagara y la trompeta suona. La gente sale al exterior, se estrecha las manos y se felicita. Los jóvenes, que ya no pueden contener la alegría acumulada durante el mes de recogimiento, rompen a bailar la danza Shadiyane (شادىيانە): pasos enérgicos y expresivos, cara risueña, avanzando en grupo por las calles al ritmo del tambor y la trompeta, bailando hasta llegar a la misma puerta de casa. En ciudades como Kashgar (Qeshqer, قەشقەر), Hotan (Hotän, خوتەن) e Ili, los grupos de artistas de los centros culturales locales se suman habitualmente a estas comparsas espontáneas, lo que convierte ciertas calles en pequeñas fiestas mayores.

Las mujeres celebran la festividad principalmente en casa, con su propia ceremonia familiar. En las danzas callejeras su presencia es más discreta, aunque en los festejos de los pueblos y aldeas la participación es más abierta y mezclada.

El bazar: espectáculos, juegos y mercado

Durante los días del Roza Heyt, los bazares son el centro de la vida pública. Los artistas callejeros ofrecen actuaciones de canto y narración, acrobacias y equilibrismo. Los puestos de comida, los vendedores de especias y los artesanos llenan cada rincón. Es el tipo de ambiente difícil de describir sin haberlo visto: ruido, color, olor a pan recién horneado y gente que se cruza, se para y habla.

Lo que el Roza Heyt aporta a la comunidad

El Roza Heyt cumple en la cultura uigur una función que va mucho más allá de cualquier ceremonia. Refuerza los lazos entre vecinos y familias, reactiva la economía del bazar durante varios días y da a los jóvenes la oportunidad de conocerse y relacionarse. Fortalece la cohesión del grupo, equilibra el cuerpo tras semanas de abstinencia, mejora el ánimo y llena de energía el inicio de una nueva etapa del año. En definitiva, como señala la propia tradición uigur, el Roza Heyt añade vida y vitalidad a la comunidad desde todos los ángulos posibles.

Los orígenes de esta celebración en Xinjiang se remontan al florecimiento de la antigua Ruta de la Seda, en torno al siglo IX, cuando el comercio con Asia Central fue fusionando costumbres de distintas procedencias con las tradiciones locales, dando lugar a una festividad con carácter propio.